Hoy mi espalda descubrió que alguien siempre le siguió-y que sin poder remediarlo-no había encontrado el valor para voltear a abrazarle.
Un lazo rojo como antesala de un grato recuerdo, una cama blanca como bienvenida a una noche de pasión encantada, unos pies descalzos que caminan sobre sueños ligeros y unos besos rotos que lograron tejerse a mano.
Nos merecemos siempre y cuando nuestras ganas se consigan en aquel punto en común, que habíamos dejado olvidado una tarde de verano cualquiera, nos cuestionamos un mundo donde no había espacio suficiente para el encuentro, nos barajamos tiempos cuyo azar no admitía una lanzada de dados más con historias transformadas en páginas amarillas acompañadas de estruendosos estornudos.
Llegado el momento tus manos recorren un cuerpo que tiembla sin intención de calmarse, tus labios se cruzan con infinidad de piel y tus dedos curiosos emprenden un camino que no encuentra retorno y que yo tan confusa en mi toque de amnesia, no logro hallar la dirección de vuelta.
Fluidos que emergen de cuerpos que no se negaron placer, caricias eternas que marcaron poros, mordiscos traviesos con sonidos mojados de un diluvio que ardía.
Ya te recuerdo aunque aun te tengo, ya te mantengo en la sonrisa que coquetea con mi dedo formando círculos entre tantas redondeces; hoy no quiero dormir porque quiero sentirte todas las veces necesarias hasta hartarme de ganas, de esas mismas que te sacías tanto pero tanto, que te siguen quedando muchas de ellas...hasta la eternidad.
Suspiros del día-hechos en casa y en camas tan grandes-que logran albergar infinidad de orgasmos.
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